MOTA DEL CUERVO

El linaje femenino del barro en Mota del Cuervo

En Mota del Cuervo, la cerámica tiene acento de mujer. Durante siglos, el Barrio de las Cantarerías fue un pequeño universo productivo donde la casa y el taller se confundían y donde ellas urdían el barro a mano mientras los hombres extraían la tierra o encendían los hornos. Los padrones del siglo XVIII hablan de decenas de familias alfareras concentradas en ese barrio; su memoria pervive hoy en el Museo de la Alfarería, abierto en 2009 en pleno corazón cantarero.

El museo y su entorno narran un linaje técnico singular: urdido (construcción por rollos) y un “torno celta” primitivo; tradición que la investigación local vincula a una herencia árabe en la cochura y celta en el rodillo.

El alma cerámica de Mota del Cuervo

Filtrar por tipo
Loading
Alfareria tradicional El Cántaro

Obrador de referencia en el municipio.…
Horno árabe municipal

Posee dos cámaras: una subterránea que sirve para la combustión con un único acceso, y la superior, donde se colocan las piezas.…
Museo de Alfarería

Las piezas son realizadas exclusivamente por mujeres del pueblo, uno de los pocos núcleos de cerámica femenina de la Península y cuya técnica es la del urdido.…

La materia de Mota es una arcilla rojiza pensada para el agua: “barro bueno para el agua” —decían las cantareras—, poco amigo del fuego directo y del vidriado, de ahí la potencia de su repertorio de cántaros, cantarillas, búcaros y horcillas. La técnica del urdido levanta el cuerpo con rollos (“casco”) y, tras ensanchar y alisar con paletas de madera, se remata el cuello y el asa; un proceso paciente que sigue explicándose en el museo.

Ese modo de hacer —manual, rítmico y femenino— es parte esencial de la identidad moteña. La imagen del cántaro colgado a la sombra o apoyado en el brocal del pozo resume una cultura del agua que hoy el municipio reivindica con nuevas salas y relatos expositivos dedicados a las mujeres cantareras.

Ese modo de hacer —manualAquí el barro sirvió a la sed y a la casa: cántaros para acarrear y enfriar, búcaros que perfumaban el agua, horcillas para tenerla “a mano” en la cocina. Esa cultura del agua estructuró el barrio —calles, patios, colgadizos— y aún late cada 28 de agosto en las Fiestas del Barrio de las Cantarerías, cuando los vecinos engalanan las calles y la procesión cruza el antiguo perímetro alfarero.

Eventos