AGOST

La huella interminable del barro en Agost

En Agost, el barro no es artesanía: es biografía. La alfarería aparece documentada ya en 1277 y varias sagas actuales se rastrean, como mínimo, hasta el siglo XVIII. Esa continuidad se palpa en la antigua fábrica de Severino Torregrosa (1902), hoy Museo de Alfarería, que conserva hornos “árabes”, balsas de decantación y zona de taller: un recorrido por el oficio dentro de su propio lugar de trabajo.

El alma cerámica de Agost

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Alfarería La Navà

En La Navá fabrican su propio barro blanco con sal, tradicional de Agost, siguiendo el proceso artesanal para, como ellos mismos reivindican, mantener vivas las enseñanzas de sus ancestros.…
Plaza de España

La Ruta de la Alfarería de Agost parte de la Plaza de España hacia emblemas del gremio.…
Ermita de Santas Justa y Rufina

Dedicada a las patronas de la alfarería, fue construida en 1821, y rehabilitada en 1995. De planta casi cuadrada y decorada con unas vasijas en los remates de la fachada.…
Iglesia de San Pedro Apóstol

Edificio histórico con intervenciones desde el siglo XVI hasta el XVIII, destaca por sus dos portadas (la de la Virgen y la de San Pedro), su campanario con campanas de 1791 y en su interior la Capilla de la Comunión, una de las mejores muestras del barroco alicantino.…
Font de l’Abeurador

Situada cercana a la Rambla del Rugló y junto al lavadero municipal, es la más antigua de Agost, ya que fue construida en torno a 1699. Se utilizaba como abrevadero para el ganado y para el consumo doméstico, así como para el abastecimiento de las primeras alfarerías que se ubicaban en sus proximidades.…
Museo de Alfarería

Museo ubicado en la antigua fábrica de cerámica de principios del siglo XX, donde se conservan hornos árabes, balsas de decantación y taller alfarero. Exhibe una colección de más de 4.500 piezas de alfarería y etnología, y ofrece tienda con piezas artesanas, biblioteca especializada y talleres.…

La materia reina aquí es la arcilla blanca y porosa, perfecta para piezas de agua: el botijo “suda” y refresca por evaporación. Muchos talleres siguen usando el barro blanco con sal para acentuar esa micro-porosidad; la técnica se reconoce al torno (giro rápido, cuerpos limpios, enasar preciso) y cocciones en hornos tradicionales y eléctricos. De ahí nace una loza clara y funcional cuyo emblema es el botijo blanco, acompañado por cántaros y lebrillos que continúan vivos en obradores multigeneracionales como La Navà.

Durante generaciones, el botijo presidió la mesa y el bancal: colgado a la sombra, pasando de mano en mano, manteniendo el agua fresca todo el verano. Esa cultura del agua sigue muy presente en el barrio alfarero y se simboliza en la Ermita de Santas Justa y Rufina (1821), con cúpula de teja verde y amarilla y remates en vasijas: la cerámica convertida en arquitectura.

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